miércoles, 23 de mayo de 2012

ALGUNOS RECUERDOS


Proust encontraba que acudían los recuerdos más íntimos por evocación a través de las sensaciones. Esta situación creo que debe ser ampliamente compartida por casi todo el mundo. Basta oir una canción o percibir un olor especial para que aparezcan imágenes antiguas como si fuese un viaje al pasado, percibido con tal realidad que estremece lo más íntimo. En Hermigua, cuando por la edad me asomaba a la vida, con frecuencia pasaba el tiempo en el entorno de nuestra casa, pequeña con cubiertas de teja francesa, los tres espacios interiores permitían distribuir escasamente los dormitorios de toda la familia de ocho miembros. En el exterior un patio con alero sobre endebles columnas de madera y la cocina que era el sitio más acogedor y familiar de la casa, donde se compartía el relato de los acontecimientos más variados, especialmente de mis tres hermanas mayores. La casa queda semioculta desde la calzada empedrada a donde conduce un sendero que a mí me parecía muy largo. Flores cultivadas por mi madre adornaban una de las orillas de este paseo. Enredaderas de flores azules cubrían algunas paredes y muros medianeros, había también una gran buganvilla violeta, una palma, un guaidil de flores blancas al que llamábamos sándalo, y un viejo hibisco que se vestía de rojo con frecuencia. En estas evocaciones aparece  La Alameda vecina bordeada de álamos de hojas trepidantes verdeblancas y madreselvas en primavera y llega la voz de mi madre o de mis hermanas cantando una vieja canción, así la recuerdo:

Una tarde fresquita de mayo
cogí mi caballo y me fui a pasear
por la senda donde mi morena,
graciosa y serena, solía pasar [...]

Estoy seguro de que volverán estos recuerdos que me emocionan sensiblemente.
 


 

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